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¿Qué hacer cuando las emociones nos invaden en el trabajo?

Así como aprendemos ciertos patrones de conducta emocional, también podemos desaprenderlos y optar por otros, decidiendo qué comportamiento en concreto adoptar en determinadas circunstancias. En lo laboral, es clave prestar atención a los pensamientos automáticos y recurrentes que nos acompañan; esto nos abre una valiosa oportunidad para cambiar los estados de ánimo y con ello, los resultados.

claves para evaluar nuestras emociones automáticas

En el fenómeno emocional humano intervienen indisolublemente el sistema límbico y la neocorteza cerebral. Sin embargo, por cientos de años hemos supeditado las emociones a lo racional, considerándolas de segunda categoría y hasta un obstáculo para pensar inteligentemente. Los avances de la neurociencia ponen de manifiesto que la disociación entre lo emotivo y lo racional es una pretensión ignorante, que muchas veces nos ha llevado a vidas laborales dolorosas en el intento de reprimir y desconocer la experiencia emotiva.

En este camino, hemos restringido la posibilidad de desarrollar la competencia emocional, enriquecer nuestras relaciones y tener en cuenta señales de valor incalculable a la hora de tomar decisiones importantes y obtener los resultados que buscamos.

El sistema límbico (relacionado con respuestas emocionales, aprendizaje y memoria) y la corteza cerebral (responsable de la lógica racional), operan como “socios inseparables”: ninguno puede hacer bien su trabajo sin el aporte del otro.

Autoevaluando reacciones

Existen consideraciones que debemos tomar en cuenta a la hora de evaluar las reacciones automáticas de nuestro ser.

1. Las emociones, fisiológicamente, son reacciones automáticas frente a un evento externo o estímulo interno y preparan al organismo para una cierta respuesta adaptativa. Por ejemplo, frente a una señal de peligro, el organismo se prepara para la huida. Cuando recordamos una experiencia dolorosa, nuestra fisiología nos dispone a bajar la actividad y ensimismarnos. Cada emoción predispone al organismo hacia un determinado curso de acción, ya que son la energía que predispone al organismo hacia una cierta acción y no otra.

2. Entre el estímulo y la reacción emocional del organismo ocurre un proceso de interpretación, que en definitiva conduce hacia cierta emoción. El proceso interpretativo depende de nuestra memoria afectiva, del contexto del momento y del estado de ánimo en que nos encontremos.

3. La incapacidad de autogestionar las emociones tiene al menos dos caras; una de ellas es actuar desproporcionada o explosivamente, y la otra es la implosión, que según nuestra jerga popular equivale a “llevar la procesión por dentro”. En la situación de explosión, lo más probable es que al cabo de un rato evaluemos que no fue lo más efectivo, ya que la situación empeoró o experimentamos culpa, con lo cual sobreviene la calma por un tiempo, hasta la siguiente explosión. En una situación de implosión, el efecto más evidente incide directamente sobre la salud. Ninguna de estas respuestas es adaptativa. Ambas requieren de una toma de conciencia y un trabajo de autogestión.

4. Si bien cada emoción predispone energéticamente hacia un determinado curso de acción, el comportamiento que finalmente se adopte está mediado por la voluntad personal. Si ante un requerimiento que le hemos hecho, un colega grita a viva voz que está “harto” de recibir pedidos de otras áreas, podríamos interpretar que su respuesta es injusta e inadmisible en un equipo de trabajo. Ante este juicio, es posible que sintamos rabia y que nuestro organismo se disponga al ataque, pero el reaccionar con un grito aún más fuerte o invitarlo a conversar una vez que esté más calmado, son dos comportamientos muy distintos, con consecuencias también diferentes y que nos permiten entender que contamos con la posibilidad de elegir.

Distinguimos, entonces, entre la respuesta fisiológica y el comportamiento. La primera acontece y no tenemos posibilidad de controlarla. Lo que sí podemos decidir es qué comportamiento en concreto vamos a adoptar. Cuando la emoción nos inunda, este mecanismo de elección se hace mucho más difícil. Una herramienta concreta es llevar nuestra atención a la respiración y hacer el ejercicio de inhalar y exhalar pausada y profundamente hasta disminuir la descarga emotiva. Recién ahí podemos evaluar qué comportamiento sería el más efectivo, dado el contexto y los resultados que queremos alcanzar.

5. Entre las emociones y el cuerpo, se genera una relación de interdependencia y de causalidad circular. Esto significa que el cuerpo se modifica con cada emoción, pero que también la emoción puede cambiar, modificando el cuerpo. La respiración y el grado de tensión muscular en el miedo o la rabia son muy distintos dentro de las emociones de confianza o gozo.

Un ejercicio muy simple y que tenemos todos a la mano es la respiración y relajación consciente. Por ejemplo, en un estado de alta ansiedad y en el que necesitamos calma, respirar conscientemente, haciendo la inhalación y la exhalación profunda y pausada, acompañada de un “chequeo” de la tensión muscular en cada parte del cuerpo, después de unos minutos, hará cambiar nuestra energía emocional hacia un estado de mayor tranquilidad. Especialmente importante, además de la respiración, es relajar intencionalmente la mandíbula, cuello, hombros y zona baja del abdomen.

Pregunta a los profesores

¿Cómo influyen nuestros pensamientos recurrentes en nuestra predisposición emocional?

La interdependencia entre emociones y corporalidad también opera entre emociones y pensamientos. Los seres humanos vivimos interpretándolo todo y asignando significado a cada experiencia. Según los pensamientos recurrentes que nos acompañen, se instalarán en nosotros ciertas emociones consecuentes con dichos pensamientos o juicios.

Una persona que vive en el juicio de que su trabajo es valioso, que tiene sentido porque calza con su vocación, estará emocionalmente predispuesta a dar lo mejor de sí, a resolver los obstáculos, a tomar iniciativa y a proponer ideas para mejorar. Al contrario, alguien que vive en la interpretación de que lo que hace es monótono, que no tiene impacto en los resultados de la empresa y que juzga que su trabajo no es reconocido, probablemente experimente apatía y desgano.

Es clave prestar atención a los pensamientos automáticos y recurrentes que nos acompañan. Y al hacerlo, evaluar si tenemos fundamentos o evidencias para sostenerlos. Al hacer este ejercicio, es probable que nos percatemos que varios de esos pensamientos que alguna vez fueron fundados, hoy ya no lo son o que los tomamos prestados de experiencias ajenas de observadores del mundo distintos de nosotros mismos, como padres, profesores, amigos o jefes, y que nunca hemos revisado y cuestionado.

Este ejercicio de revisar los juicios automáticos o rectores a través de los cuales interpretamos el mundo y nuestra realidad, además de nuestras relaciones e incluso a nosotros mismos, abre una valiosa oportunidad de cambiar los estados de ánimo y, con ello, cambiar la disposición a la acción y sus resultados.

Extracto Curso : Auto gestión y trabajo con sentido.
Profesores: Luz Eugenia Mundaca y Sebastián Vidaurre

Fuente: La Tercera

Héctor Hidalgo Sepúlveda
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Director Ejecutivo - Red de Ex Alumnos USM, Director del Centro de Desarrollo Profesional USM, Universidad Técnica Federico Santa María.
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