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El reencuentro de los alumnos de la EAO tras más de medio siglo

El reencuentro de los alumnos de la EAO tras más de medio siglo

Sobrevivientes de la generación ’58 – ’59 de la escuela que fue predecesora de la Universidad Santa María reviven las anécdotas de sus años de juventud en el recinto educacional

Mirian Mondaca – La Estrella de Valparaíso

Más de 8 mil alumnos transitan cada día por los patios de la Casa Central de la Universidad Santa María en Valparaíso. Esos mismos pasillos que hoy son testigos de los sueños de juventud de futuros ingenieros, hace más de cincuenta años, recibieron también a cientos de adolescentes que se unieron a las filas de la Escuela de Artes y Oficios; el innovador proyecto educacional del filántropo porteño Federico Santa María. Así, jóvenes de clase media que no superaban la mayoría de edad y que venían de distintos rincones del país, hicieron de este lugar su nuevo hogar y sus compañeros, su nueva familia.

Los años han mermado la salud de muchos y otros ya no están, pero existe un grupo de ex compañeros que sagradamente se reúnen cada uno o dos meses para recordar juntos esa inolvidable etapa de sus vidas. Es viernes y un conocido restaurante de avenida Valparaíso en Viña del Mar los une otra vez a nueve alumnos en torno a una larga mesa y un par de botellas de vino. Allí, entre risas, recuerdos y brindis, bastan escasos minutos para que las anécdotas y travesuras adolescentes de aquellos años vean la luz.

El más parlanchín y entusiasta de todos, Juan “Mono” Peñafiel, es precisamente quien por cosas del destino, se convirtió en uno de los responsables de que los viejos amigos volvieran a compartir una mesa; tal como ocurría durante los desayunos, almuerzos, onces y cenas que tenían en el Pensionado y el Internado de la Escuela de Artes y Oficios. Para él, volver a estar juntos después de más de medio siglo fue “una tremenda alegría que no se puede describir”, asegura con su sonrisa permanente.

Cosas del destino

El “mono”, como lo conocen desde los tiempos de la EAO comenta que, en primera instancia, fue el destino el que los puso frente a frente de nuevo. “Fue una situación muy especial. En noviembre del año pasado estaba comprando y de repente un caballero de apellido Montenegro se me acercó y me dijo: ‘nosotros nos conocemos, fuimos compañeros en la Escuela de Artes y Oficios’. Claro, después lo recordé y era Raúl”, comenta.

Pero, el destino tenía todavía encuentros reservados para Peñafiel, porque un mes después por casualidad se encontró con otra cara conocida de la EAO. Este porteño oriundo de cerro Placeres recuerda que, “en un paseo de la Caja de Compensación me siento al lado de este caballero (Alejandro Venegas) y nos mirábamos. Después le dije que en alguna parte nos habíamos visto, ahí empezamos a conversar y nos dimos cuenta que éramos compañeros. Habíamos entrado el mismo año, el 58”, recuerda.

Luego, dos semanas más tarde de este encuentro fortuito y caminando por la Ciudad Jardín, se topó con otro viejo amigo: Manuel “Chueco” Hidalgo. Entonces no hubo más dudas, algo quería decirles la vida, y entre los cuatro empezaron a contactar a la mayor cantidad posible de ex compañeros.

Regreso

Desde que comenzaron la búsqueda a fines del año pasado han logrado reunir a 15 ex alumnos y a esta tercera reunión llegaron 9 de ellos. Muchos viven en otras ciudades y la salud o los deberes de cada uno en ocasiones no les permiten volver a Valparaíso, la ciudad que los acogió cuando aún eran introvertidos adolescentes, pero cada vez que pueden tratan de regresar y recordar juntos esa etapa estudiantil. Algunos viviendo en el Pensionado y otros en el Internado, dos edificios que estaban en el costado de la avenida España, cercanos a la actual entrada principal de la universidad.

De los alumnos, en ambos edificios donde vivían toda la semana, había beneficios como comida, vestuario, materiales y becas para estudiantes de situación económica vulnerable. Sin embargo, además de la mayor disciplina que existía en el Internado, había otra gran diferencia: el uso oblifatorio de uniforme gris. Este último, responsable de desatar carcajadas y bromas hasta hoy en día, ya que por el color del vestuario, eran llamados “los burros de Placeres”, confiesa Peñafiel. “Ya los tenían identificados, cuando veían el terno plomo decían: ahí van los burros”, agrega.

En las aulas de la EAO también era famoso “El Batallón Gringo”, recuerda Alejandro Venegas. Se trataba de un grupo de 10 a 12 estudiantes que venían del sur de Chile. Ellos, “eran hijos de alemanes o ingleses, todos rubiesitos ojos azules”, comenta Venegas. Estos no pasaban inadvertidos entre una mayoría de cabello oscuro y piel morena. Sin embargo, si el grupo del ’58 – ’59 no llamaba la atención por su apariencia, sí lo hacía por sus andanzas y también por su espíritu deportista y dedicación académica.

Quienes llegaban tenían que ponerse al día de inmediato en las materias, ya que la exigencia era grande, recuerdan los ex alumnos. Y si estaban en el Internado lo era aún más. De allí surgieron destacados profesionales, como el caso de Edmundo Sepúlveda, quien llegó a ser docente y vicerrector académico en la Universidad Santa María. “Terminábamos siendo una familia, porque vivíamos toda la semana juntos, comíamos juntos y se hacían lazos muy fuertes. Lo que pasamos hoy queda en una gran amistad y un desarrollo personal complementario a lo académico”, asegura el ex profesor.

La huelga fantasma

A mediados del siglo pasado, la EAO era una de las pocas posibilidades para estudiar, aprender un oficio y, más tarde, obtener una carrera para los jóvenes de clase media de la zona. La educación, además de ser gratuita, era de muy buena calidad, aseguran los ex alumnos. También, la posibilidad de conocer deportes que nunca habían practicado, como atletismo, anillas, natación y paralelas, los tenía en el mejor lugar que podían estar.

Sin embargo, para Juan Peñafiel, existía una única falencia: el nula posibilidad de tener contacto con el resto de la comunidad o tener la libertad de expresar su opinión en ciertas instancias, como la situación que desencadenó una paralización la escuela y que ahora desclasifica. “El Mono” recuerda que, “el año ’59 si mal no recuerdo, el centro de alumnos una vez invitó a un socialista y las autoridades se opusieron a que entrara. Entonces por primera vez en la historia de la universidad se hizo una huelga. Esa vez nos preparamos con mangueras de agua y todo porque pensábamos que iban a entrar a la fuerza”.

Aunque el porteño recuerda ese episodio hasta hoy, no duda en decir que -en cuanto a lo académico y el apoyo socieconómica- el modelo de la EAO es el mejor que pudo existir en el país. “Eso sí que era gratuidad. Era un régimen alemán, pero bajo ese régimen pudimos estudiar y sacar una carrera. Si hubiera seguido en mi casa no habría podido estudiar”, dice.

De esa paralización, que duró 24 horas, nunca nadie se enteró, excepto sus familias. Los medios de comunicación de la época no lo informaron, por lo que sólo quedó como una anécdota y una muestra de la unidad entre los cerca de 300 alumnos de la EAO. Esa misma unión que ahora demuestran cada vez que se reúnen y alzan sus copas en memoria de aquellos imborrables momentos.

Héctor Hidalgo Sepúlveda
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Director Ejecutivo - Red de Ex Alumnos USM, Director del Centro de Desarrollo Profesional USM, Universidad Técnica Federico Santa María.
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