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Las competencias clave de un liderazgo efectivo

Las competencias clave de un liderazgo efectivo

Por: Álvaro Espejo

Al definir las competencias directivas que requiere un liderazgo efectivo, podemos distinguir tres tipos fundamentales: las competencias de negocios, las interpersonales y las personales.

Para liderar no basta contar con una personalidad concreta o rasgos determinados. Un buen líder es aquel capaz de adaptarse a las necesidades de cada situación y de cada colaborador. Sin embargo, hay ciertas competencias directivas o características que se pueden desarrollar y que ayudan a un jefe a dirigir a su equipo de la mejor manera.

Cuando hablamos de competencias nos referimos a comportamientos observables y habituales que conducen al éxito en el desempeño de una función o tarea. Las competencias que se deben medir y considerar dependerán de la organización en particular y de los puestos específicos que se quiera desarrollar.

Cada organización debe definir sus propias competencias, ya que éstas serán un reflejo de los valores institucionales y de cómo busca trabajar esa organización de manera diferenciadora. Así, las competencias pasan a ser un factor crítico dentro de la estrategia de la organización.

Podemos identificar un gran número de competencias enfocadas en lograr un mejor liderazgo. Aunque existen diferentes clasificaciones de estas competencias, un modelo simple y que ha sido validado en diferentes países es el desarrollado por el profesor español Pablo Cardona. Éste distingue tres dimensiones de competencias de liderazgo: de negocio, interpersonales y personales. El equilibrio de todas es la clave para un liderazgo maduro.

La Estrategia

Las competencias de negocios (también llamadas estratégicas) son aquellas que se refieren principalmente a la relación de la empresa con su entorno y con las variables económicas que permiten su funcionamiento.

Dentro de esta dimensión hay competencias cruciales, como orientación al cliente, que implica reconocer y satisfacer las necesidades de éste, dando respuesta a sus peticiones. Ésta es la competencia más valorada en las empresas de servicios.

Otras competencias importantes en esta dimensión son la visión estratégica del negocio, el conocimiento de la organización, la gestión de recursos, la negociación y el networking.

Las organizaciones dan gran importancia a estas competencias y sus ejecutivos generalmente cuentan con ellas. De estas competencias depende que la empresa logre sus objetivos y, por lo tanto, que pueda seguir existiendo. Este tipo de competencias requieren un menor esfuerzo para ser desarrolladas.

Si un ejecutivo toma sus decisiones teniendo esta dimensión como único criterio, estará dejando de lado a las personas que trabajan en la empresa y también su propio desarrollo. A largo plazo, esto incidirá en una disminución de la motivación y compromiso de sus colaboradores y posiblemente afecte tanto la vida personal como la carrera profesional del ejecutivo.

En contacto con los otros

Las competencias interpersonales permiten el desarrollo de las capacidades de los colaboradores y su correcto desempeño en el trabajo. Aquí son importantes factores como la comunicación, que implica la capacidad de escuchar y transmitir ideas de manera efectiva, la gestión de conflictos y la capacidad de lograr empatía e influir en los demás.

Además, el líder debe ser capaz de delegar, dar feedback y desarrollar a su equipo, ayudando a alcanzar el máximo potencial de cada persona. También debe estar capacitado para trabajar en equipo y fomentar la colaboración, comunicación y confianza entre sus colaboradores.

A pesar de la gran importancia que estas competencias tienen en un correcto funcionamiento de la organización, no se encuentran muy desarrolladas en nuestros ejecutivos. Esto se explica, por una parte, en que la formación recibida por estos ejecutivos tiende a estar más centrada en aspectos técnicos y, por otra parte, en que son competencias más difíciles de desarrollar que las de negocio.

La actitud personal

Las competencias personales permiten tener un liderazgo personal apropiado, fomentando comportamientos profesionales éticos y eficaces, lo que representa un ejemplo para los colaboradores y la organización en general.

Dentro de este ámbito, es importante que cuente con competencias de proactividad, como iniciativa, creatividad, capacidad emprendedora y optimismo. Además, debe contar con capacidad de resolución de problemas y con competencias como la capacidad de análisis y la toma de decisiones.

Los ejecutivos suelen mostrar niveles altos de las competencias personales descritas anteriormente, ya que son los aspectos más visibles de su trabajo. No ocurre lo mismo con competencias relacionadas al desarrollo y gestión personal, tales como el autoconocimiento, autocrítica, gestión del estrés, gestión del tiempo y gestión emocional.

Quizás las más importantes de todas las competencias sean las de integridad, que incluyen la honestidad, la credibilidad, la responsabilidad y la justicia. Estas competencias son probablemente las más difíciles de desarrollar y las que tienen un mayor impacto en el liderazgo a través del ejemplo.

¿Cómo se puede comenzar a desarrollar las competencias directivas?

Para desarrollar estas competencias en cualquiera de sus tres dimensiones, ya sea de negocios, interpersonal o personal, lo primero es hacer un diagnóstico del estado actual y el estado deseado de las diferentes competencias. Es imposible mejorar todo, por lo que es necesario establecer prioridades para comenzar a trabajar en el desarrollo.

Una buena forma de comenzar el proceso de autoconocimiento es la autoevaluación. Estos resultados los podemos comparar con evaluaciones realizadas por otras personas. Un método cada vez más utilizado es la llamada evaluación en 360º. Con esta herramienta, además de la autoevaluación, las competencias son evaluadas por superiores, pares y subordinados (en algunos casos también clientes). Este proceso puede arrojar muchas luces sobre nuestras fortalezas y sobre las áreas en las que debemos mejorar.

Cuando sabemos cuáles son nuestros puntos fuertes y nuestras áreas de mejora, tenemos que preguntarnos qué competencias son más importantes de desarrollar en este momento (para la organización, para mi equipo, para mí) y también qué competencias estoy más cerca de poder desarrollar en este momento. Como ya he señalado, es imposible mejorar todo al mismo tiempo, por lo que hay que elegir qué competencias ameritan poner nuestro esfuerzo y energía.

Cada persona desarrolla sus competencias de manera diferente, por eso es tan importante trabajar en el autoconocimiento. Muchas veces éste se transforma en un proceso complejo, ya que se trata de cambiar comportamientos que están fuertemente arraigados en la persona. Por ello, en una organización es siempre aconsejable que el proceso de desarrollo de competencias sea acompañado con un proceso de coaching. El coach ayudará a la persona a mejorar su autoconocimiento y a descubrir por sí misma cuál es su manera de desarrollar las competencias que necesita.

Fuente: La Tercera

Héctor Hidalgo Sepúlveda
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Director Ejecutivo - Red de Ex Alumnos USM, Director del Centro de Desarrollo Profesional USM, Universidad Técnica Federico Santa María.
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