Técnicas de Entrenamiento en Asertividad
Ser asertivo es dejar que los demás sepan lo que sientes y piensas de una forma que no les ofenda, pero que al mismo tiempo te permita expresarte tal cual eres.
Interactuar con los demás puede traernos más de una situación estresante en la vida. Entrenarse en asertividad puede reducir el estrés, enseñando a defender legítimamente los derechos de cada uno, sin agredir ni permitir ser agredido. Al ser asertivo, las relaciones interpersonales se distienden. Dicho entrenamiento supone un desarrollo de las capacidades para:
- Expresar sentimientos o deseos positivos y negativos en una manera eficaz, sin negar o desconsiderar los de los demás y sin sentir o crear vergüenza al hacerlo.
- Discriminar entre asertividad, agresión y pasividad.
-Discriminar cuándo la expresión personal es importante y adecuada.
En general, la asertividad consiste en defenderse sin agresión, pero no significa pasividad frente a la conducta poco cooperadora o razonable de los demás.
En el entrenamiento, es esencial el desarrollo de habilidades de comunicación, tanto verbal como no verbal (gestos, contacto visual, postura corporal, tono de voz, entre otras). Verbalmente, se procura que digamos más afirmaciones de aprobación y/o alabanza y sentimientos positivos que nazcan de la interacción con otros. La carencia de éstos, indica la necesidad de un entrenamiento en cómo mostrar tales comportamientos y decidir precisamente cuándo tenerlos o hacerlos.
El adiestramiento en habilidades sociales incluye los siguientes procedimientos: el modelamiento, la representación de papeles o roles, la retroalimentación y la generalización. Por ejemplo, el modelamiento funciona con el aprendizaje de conductas nuevas, pero sin una constante práctica, los viejos comportamientos volverán a aparecer.
La representación de papeles es importantísima en el aprendizaje, pero se debe tener en cuenta que son las conductas correctas las que se deben practicar y que sin un modelo anterior, el rendimiento de la persona casi no cambiará, ya que el entrenando no tiene estas habilidades en su haber. Una vez completados los pasos antes nombrados, recién las conductas practicadas tienen una mayor probabilidad de permanecer en el sujeto, pero no sucederá a menos que las personas vivan esas conductas como experiencias gratificantes. De esta manera, se confirma la necesidad decisiva del refuerzo. La combinación de estos tres procedimientos, constituye un planteamiento de entrenamiento en habilidades más efectivo y con un mayor campo de aplicación. Sólo pasa a transformarse en un método eficaz, si se lleva a poder replicar en la vida real, al verse enfrentado a esas situaciones defectuosas que ahora deberían ser enfrentadas con naturalidad y asertividad. Este paso final, es el de la generalización.



